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Textos de María Villares

Poemas Relatos Reflexiones
Portada del libro de poemas: Una Hendija en el Muro El tiempo fue dejando estelas en mis manos,
inigualables surcos en el iris de mis ojos,
para hallarme en los espejos.
De allí la posibilidad del sueño,
el viaje por infinitos mundos
donde jugar a los misterios
para reencontrar mi piel perdida
de animal abstracto,
de sombra mitológica,
y plantar las huellas descalzas
que se alejan hacia el regreso,
circularmente.
 
Poemas
Ceros y Cruces Murmuraciones del Espejo Infinito Posible Una Hendija en el Muro
Poemas del libro: Una Hendija en el Muro
(2002-2007) Escrito en España.
 

Me sumo al discurrir del polvo
en las maneras del no-hacer.
Pinto las entrañas de lo nunca pensado,
los invisibles colores del destiempo.
Hermana de la llovizna tras los ojos
veo brotar semillas de otros mundos
y no naufrago porque la deriva es mi timón,
porque perdida voy en brazos
del destino que no sabe qué hacer con mi ‘sino’
mientras canto la maravilla incongruente de esta vida.



 


Escribiré el dardo carcomido del tiempo,
las lluvias encendidas de mis sueños,
la mano hecha raíz para mis pies de bruma.
Es preciso atajar ahora
cada sutil movimiento de la palabra,
dejándola fluir para que exista grabada en esta hoja
y deslizarnos por sus nervaduras desatando el nudo
de la voz.
Levantaré la lápida donde duerme el futuro
y chuparé sus savia hasta hacerlo abrir los ojos al ‘aquí’.
No hay más allá, te digo,
aunque la duda se anticipe a tu creencia.
Y es que somos sólo esto que hoy discurre.
Ahora mismo soy estas palabras que a ti llegan.


 

Inmigrante

Altas y brillantes
entidades divinas y bancarias
con fieles mendicantes a sus pies
clamando su mendrugo cotidiano.
La cola es larga y sinuosa
como serpiente culpable.
Enclavado en el mástil,
el extraño estandarte es batido por el viento
y se dobla y se retuerce.
Arena en la cara y en los dientes.
Qué número me identifica
detrás de esta frontera?
Cuán largas son las cadenas
de mis pies?

 


Papeleo entre las rejas del desierto

por donde mis pies se arrastran,
buscando un número
que identifique mi sombra sin voz.
Sigo y sigo, escabullida
Por entre edificios que reflejan mis colores,
y nadie me reconoce
mas que aquel gato negro
que cruza la calle de mis ojos.
En el pasado duerme el baúl de las preguntas,
ahora soy como una piedra que cruje
lanzada sobre el pavimento húmedo,
pero que no se parte
sino que retorna cansada a su rincón.
Como el indigente sin nombre
donde late un donante corazón.

 


Atrapada en los alambres del designio,
luz que fulmina los pálidos matices,
intempestiva y voraz luz
donde arden las tristezas todas.
Estampa tus yemas sobre el barro
y espera a que el tiempo te recuerde.
Pasan los pies a nivel de tus ojos,
como un barco mientras te ahogas.
No hay manos que tender
ni pasión de amurallar delirios.
Brilla en la mejilla tu lágrima diamante
como el orgullo reflejado de la más necia belleza
sobre el espejo cambiante del río.


 

Callada retorno a mi raíz sin nombre
Aquella isla es un mito ya en la sombra.
Como un esbozo mis pies tejen la danza del vuelo
mas, no se sabe adonde. Itaca duerme.
Y allí en el sueño busco entre los mares
un punto reconocible
en el mapa de mis manos.
Pero todo es vano más que el viaje
y los efímeros puertos.
‘Estamos aquí sólo un momento’,
sonaba una canción entre las ruinas.
Así y todo, salté al abismo.

 
  Poemas del libro: Infinito Posible
(1996-2002) Escrito en La Habana y Londres.
 


Infinito Posible

Agarrado a la red de tu sueño
te deslizas
por entre misterios sin fin.
Y son finos tubos de colores,
fibras de luz,
cabellos del no-tiempo.
Eres tu propio deseo.
Vives en el tapiz que tejiste
mientras esperabas por un nombre.
Será como lo querías,
el futuro es la memoria
de tu larga meditación en lo eterno.
No hay puertas,
pues todas están abiertas.
El camino ha llegado hasta ti.

 

Limpia de deseos,
Trémula.
Mariposa a punto de morir
y sin testigos.
El viento está tocando a la puerta
como fantasma bienvenido.
Mi cuerpo se curva infinito
hacia el vacío.
No soy nada y soy algo
latiendo quedamente,
mientras la noche cae sobre el mundo.

 


Regálame tus lunes
De hierbas y nieblas,
Yo alumbraré la mañana fría
Con dos velas y dos ojos.
Para romper el tiempo,
-quebrarle de raíz
su empeño de correr
y de llevarnos-
sólo hay que echarse a la mar
en un bote rojo,
despierto el corazón.

 


Dulzura de la tierra salada
Manso vendaval
en mi pecho que canta.
Sombras oscuras que sonríen
con azules ojos huecos.
Es infinita la duda certidumbre,
el halago lanzado como piedra,
los filos que acarician sin perdón.
El deseo es lo único real
ante la danza de la muerte.
Y todo pasa y todo queda
pero nada es tuyo.

 
  Poemas del libro: Murmuraciones del espejo
(1990-1994)Escrito en La Habana, Cuba.
 
Poema Ilustrado
 


La soledad es mi huésped.
Sobria musa.
Me detiene al borde de mi sombra
y palidezco.
Quiebra mis vértices de fuga.
Insondable cuerpo sin sexo,
Conozco su toque raspante en el silencio,
el polvo que despliega para atrapar mis sueños
-esos cómplices legítimos-
y no puedo más que callarme
impunemente
y dejarla dormir sobre mi vientre.
Aunque al otro día no encuentre
mas que un inaprensible olor
a ausencia, a nunca, a mí.

 

Una mirada alerta a lo lejano
puede ser el puente a un hallazgo
pero imposible concebir el reencuentro
por línea de partida.
Para volver basta el tiempo en sus designios.
Vano todo intento de búsqueda.
Si acaso llamar
por el enigma de la vieja vibración
pero sin nombres.
Porque para volver
hay que olvidarlo todo,
hasta el camino.

  Poema ilustrado
  Poema ilustrado
  Poema ilustrado
  Poema ilustrado
 
  Poemas del libro: Ceros y Cruces
(1988-1990) Escrito en La Habana, Cuba.
  Ceros y Cruces
 

Pasan hombre extraños,
recorren lugares extraños
y regresan
con extraños ojos.

Paréceme que un tigre
mientras dormía,
ha lamido mis pies.
 
 

La lástima del ciervo cocido al entrepaño del viento es el baúl que se ha fugado del polvo. Yo miro los velos de tus ojos y mis dedos lloran su miedo sin saberlo. Qué noche más muerta y más vida. Pudre tu amor en un hueco de la blanca pared de la náusea. El sexo henchido se asemeja a un lánguido acordeón recién parido por el monje que se dio a la fuga. En el cuadro en el rostro en la mancha no encontrarás. Carnaval de gestos dormidos y ronca candileja rumbo al pasadizo. Estamos perdidos, quizá. O soñamos juntos.

El tiempo nos vive, como un entretenido timonel en la punta del destierro. El tiempo es un bárbaro terruño que no llora y sí lame su encumbrada raíz, al filo de la tuya. Tan lóbrego el ojo que toca tu inocente audacia al contemplar un rostro mudo que nada hacia el abismo de luz. Sin partir, pues nunca estuvo.

Tanteo el límite. El diablo aseveró sobre mi otra mitad. Hízome verde un ojo y el ala. En la cúspide lanza escupidas mi amado. Estas distancias no son el volver ni la cuchilla, el ahogo es el beso. Gato pienso muerte mas...quizá sólo la vida....Después de esta naríz están los dedos, después la espuma, después el eros, después los dedos otra vez, y otra naríz...Las cosas agreden mis rostros púnicos. Es un sobresalto ser mariposa en la mesa servida. La raya se dibuja todas las tdes en la frente de los locos. No tienen pájaro-guía, sólo el ruido de sus pasos en trillos que no terminan. Hasta la luna podría contártelo, hasta la luna.

Se ha perdido tras la hiel salobre de la engañosa fontana. Duerme envuelto en humo sin sabor. Cuando vuelve asimila la sed fraguada por las llamas, y bate el agua con su soplo, y yo no estoy. Después o antes, tras el carro viejo de metal y cera, se mueven las plantas violáceas que sembró aquel brujo. No saben nada del placer de sondear el hueco de esa verde flor hastiada que pace junto al tiempo, anónima y veráz.

Qué dice el viejo montado en el entrecejo del año que se va. Las aves revolotean los ávidos contornos a punto de chuparlos. Caras olvidadas remueven el polvo que mira a la pena más dulce. Fuíste futuro, hambre, a qué la vana risa con diadema de lágrima. Ahora sólo recuerdo.

Gato pienso en el ojo del pez, en esa levedad sin motivos del gris andamiaje puro, y me sumerjo impávida en la duda, tejiendo en rojo una ceniza brusca sobre el techo, ya te dije.
 
         
  Relatos
  Relatos Inesperados
 

IV

Lleva un pájaro en el hombro, un exuberante pájaro de plumas azules, mientras se pasea por la habitación iluminada por los altos ventanales antiguos. Su pelo ondulado refleja los tonos rojizos del ocaso que allá lejos se entrevén. Camina de un lado a otro del espacio como mirando al vacío, con unos enormes ojos de expresión indefinida. Podría decirse que está intentando recordar algo. Una sensación le ha atravesado, suscitándole una emoción de rara angustia, algún atisbo de duda existencial que no conocía. A través de la ventana que da al Sur, se ve un extenso campo de trigo dorado, y el único árbol de toda la vista está justo a cuatro metros de su paso, al lado de la verja que demarca la entrada de la casa. Es un castaño de más de cien años, con un agujero en el tronco donde se cabe sentado, un grato refugio para esos momentos en los que no apetece estar en otro sitio. Sigue caminando lentamente, como si los pies se adelantaran solos en el puro goce de no ir a ninguna parte. El pájaro no se inmuta, con los ojos entrecerrados pretende que nada pasa, hasta que súbitamente abre los ojos, ante la escucha de un silbido en la distancia, y salta en un corto vuelo hasta el alféizar la ventana. Un viento que viene del norte comienza e agitar las hojas del árbol, con una insistencia desmedida. El campo de trigo se vuelve un mar agitado de ondas que se dibujan oscilando hasta desparecer en la línea roja del horizonte que se va tragando al sol. Sólo un respirar y llega la noche. Ha conseguido recordar, se trata de una canción triste de la infancia, aquella que cantaba cuando estaba a solas, lejos de todo roce, en algún borde inalcanzable. La melodía surge de sus labios como un espíritu invisible que se va hundiendo poco a poco en la oscuridad. Siente como si le devolviera algo a la vida, como si se liberara de una recóndita posesión. Es una voz vibrante y profunda que parece atravesar sutilmente todas las cosas, como el filo de la seda, como un cristal de aire. Luego se calla y es como si cesara el mundo. Es de nuevo esa quietud que antecede a la creación, el aliento retenido, un sitio donde no hay preguntas. El pájaro vuelve a posarse en su hombro y allí se quedan los dos, a oscuras.

  Relatos del ensueño
 

TROPEZANDO

    Alguien me estaba enseñando una escena donde se mostraba a un hombre manifestando una ira desenfrenada. Destellaba furia en todas direcciones y la gente alrededor lo provocaba tomándole el pelo. El hombre se ponía cada vez más rojo y no podía contener la rabia. Lucía realmente ridículo.
Yo contaba este sueño dentro del sueño como para recordar la lección que se supone había “aprendido”. Momentos después yo estaba en otro sueño siendo provocada por un hombre, sobre el que yo descargaba toda mi cólera. Incluso intentaba golpearlo con un palo. Lo golpeaba, de hecho, pero el hombre era como de goma, los golpes no dejaban huella en él, lo cual acentuaba mi impotente furor.
Luego me encontraba sentada en círculo con gentes que estaban hablando de mí entre ellas, como haciéndome un test mental. Se estaban pasando de mano en mano un papel donde había escrito un mensaje para mí. Yo les decía: “Ya sé lo que dice el papel, antes de leerlo: ANDANDO SE LLEGA A LA MUERTE.” Desperté antes de que el papel llegara a mis manos.

 

    MENSAJE

Yo era cantante de una orquesta y estábamos de gira. De pronto estábamos cruzando una calle de doble dirección, con mucho stress, todo muy aprisa, automóviles viniendo por ambos lados. Ellos cruzan primero la calle y yo me quedo de pie en el borde de la acera, esperando mi oportunidad. Entonces veo a un “mendigo”, un hombre sentado en el suelo en actitud de espera parsimoniosa. Está situado en un lugar iluminado y protegido, vendiendo unos curiosos objetos brillantes que al mirarlos con detenimiento resultaban ser portavelas de alambre.
Me acerco a él atraída por su rostro y para ver de cerca los objetos que vende, y el hombre me dirige la palabra como respondiendo a mis pensamientos: “No te preocupes. Déjalos a ellos que corran. Al final del camino tú llegarás intacta.” Espacio de silencio. “Pero igual te digo que yo he visitado muchas veces los ‘Archivos del Querer’ y cada vez están más llenos.”  Al decir esto el hombre desparece dejando un espacio de suelo desnudo.

 

 
  Reflexiones
  Reflexiones Paradójicas
 

Me sumerjo en la dádiva ardiente del despertar hacia ese otro lado donde reina lo inasible…Mis manos son raíces voladoras que sufragan su vértigo en el hálito de atravesar paredes…Fui esos  pasos que huían retumbando en los adoquines de la callejuela húmeda, y al doblar la esquina del último sueño, no abrí los ojos.  No había nada quieto en derredor,  múltiples ruidos se entretejían lentamente hasta ascender por los techos y las nubes. Caímos en el agua por encima de la montaña, pero mi piel estaba seca. Una corneta sopló en mi oído los mil desequilibrios que conducen al fin, mas todo comenzaba y sin preámbulos  se armaban las conexiones .La antigua máquina se alzaba latiendo, hilvanando la madeja que daría lugar al tapiz de la vida, esa incólume ilusión donde bogamos, usando los gritos y los ejes para tejer un sendero hacia el regreso…

   En verdad no hay nada que perdonar, todos los reflejos conducen a la sombra agachada del destiempo. Pasamos y escalamos el vértigo-diamante, y saltamos como pumas hacia el abismo invicto de la muerte, pero a través de esas alas que da el caer abriendo el pecho. No sé más que farfullar como paloma posada en el cable que  corta en dos ese horizonte de fastuoso atardecer de rojos y magentas. Lamo el deseo de tu dedo en mi dedo, como reconocidos seres de otros mundos recién llegados a un mismo sueño. No quiero volver a lo que antecede al riesgo, sino seguir danzando en este equilibrio de infinitos. Mi forma es inefable desde la paradoja del silencio. Ríete del viento que transmuta el devenir en lo posible, lo demás es pesadilla que ensalza el laberinto.

 
 
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